Hay una canción del Langui destinada a los jóvenes, una canción que te saca la lágrima, una canción emotiva que todos hemos escuchado alguna vez, que se lanza a la búsqueda de valientes. La canción dice que la fuerza del valiente esta en el corazón. Lo oyes y lo sientes, es así, es verdadero. Dónde sino iba estar la fuerza ¿en los bíceps?
Durante un periodo de un mes y medio he asistido a unos cursos de formación continua costeados por la empresa para la que trabajo, es decir, el Ayuntamiento de Valencia, es decir, unos cursos sufragados por todos nosotros, por ti, que lees esto y aún no sabes si abandonarlo o quedarte, también. Te doy las gracias por ello.
Ambos cursos estudiaban cuestiones de género. En ellos se reflexionaba sobre muchas cosas pero todas ellas se pueden reducir a una que las engloba:
¿Existe machismo en nuestras vidas?
Al parecer el discurso políticamente correcto que se ha instalado en la sociedad es negarlo de forma generalizada: bueno, mujer, ya sabes, tienes libertad, la ley proclama la igualdad, es tu elección el ejercerla.
Bien, si esto es cierto, si tengo las mismas oportunidades que los hombres, soy una mujer europea y vivo en absoluta libertad para hacer lo que me de la gana, la tendré también para expresar pensamientos e ideas. Entonces, percibiendo la pelota en mi tejado, me he sentido tentada a señalar con el dedo aquellas situaciones concretas en las que, por ser mujer, sufro una situación de desventaja (brecha salarial, invisibilidad femenina en el uso del genérico masculino, desigual reparto de tareas de cuidado en el hogar, violencia machista, ocupación masculina del espacio público…) Si quieres saber de lo que hablo, hazlo tú también, te insto a ello. Prueba a poner en una red social algo que reivindique la igualdad de la mujer. Es en este momento cuando entenderás la perversión del juego, donde quedarás aplastada mirando a todos lados preguntándote qué has hecho mal. Porque como se te ocurra señalar una situación que como mujer te discrimina, aparecerán rápidamente hombres y mujeres venidos de todos lados, de otras ciudades, amigos de tus amigos de Facebook de los que hasta ese momento no habías tenido noticia, para decirte, la mayoría de las veces con palabras muy violentas, que lo que tú señalas no es machismo. Puede que sea mala educación—admitan—, desconsideración —tal vez—, o puede que sea tu mente malévola la que proyecta en los otros intenciones en lo que son simples descuidos. Oirás, leerás, cientos de explicaciones. Alguno hará incluso horas extras nocturnas estrujándose el cerebro para explicarte, no sin grandes dosis de demagogia, que lo que tú sufres, ves, sientes y padeces por el simple hecho de pertenecer al género femenino NO ES MACHISMO. Negar, negar, negar…
Y es que el machismo esta mal visto: Machismo = caca. Lo que se lleva ahora son los micromachismos, es decir, el tirar la piedra y esconder la mano de toda la vida.
Y a la negación general de la existencia del machismo, más la negación de la evidencia concreta, hay que sumarle, tercer alto en el camino, que el discurso feminista se percibe como agrio, como algo propio de gente discutidora y quejica. Si te paras a reflexionar sobre cuestiones de género eres, sencillamente, una persona victimista, alguien que busca hilar fino en detrimento de la armonía y la paz. Lo que se ha venido llamando, desde tiempos inmemoriales, ser una plasta, pelmaza, pesada y arruinadora de fiestas.
Momento de toma de conciencia:
El camino hacia la igualdad es un sendero pedregoso, empinado y a pleno sol con temperaturas de agosto.
Así que lo mejor para ti, mujer, y para todas las que te rodean, será que dejes de ponerte agria y tiquis miquis y pases por alto esas pequeñas cosillas de la vida que bueno, mujer, tampoco es para tanto, total si el del asiento de al lado del metro te coge tu espacio, es porque, verás, lo normal es tender a la comodidad y tú tienes una mente perversa machista que te subyuga y te hace juntar las piernas ¡Superémoslo!
Por eso cuando veo a un hombre como el del croquis de twitter (hilarante-y-didactico-hilo-sobre-el-despatarre-masculino-que-conquisto-twitter/) me sube la esperanza por los pies, me sigue por las piernas, pasa electrizante por el tronco y cuello y me explota en el cerebro. Y abrazo a mi hija y a señoras ancianas que conducen tacatás por la calle mientras exclamo: ¡Hay esperanza! Así de exageradamente contenta me pongo.Y me dan ganas de publicar un cartel al estilo Langui en el que se proclame a los cuatro vientos la búsqueda de valientes. Porque hay que tener valor para ir contra corriente, para alzar la voz, atreverse a disentir. Y en el cartel que cuelgo no estoy pensando en un perfil determinado, busco todo tipo de valientes, personas altas, bajas, gordas, flacas, mujeres, también, pero sobre todo hombres valientes. Héroes que se jueguen el tipo señalando la situación de privilegio en la que se encuentran, muchas veces sin buscarlo, o desenmascarando a aquellos que la disfrutan negando que sea machismo. Hombres que estén dispuestos a renunciar al genero como construcción social que nos reduce y nos constriñe a todos.
Y dicho esto oigo un aleteo de aves, una huída masiva, un quedarme sola, porque sé, con una certeza preclara orlada de luz celestial, que predicar en el monte asusta a los pájaros.
Aún así yo me pongo la capa utópica y cuelgo en los muros que haga falta que las mujeres no buscamos tíos buenos, metrosexuales, intelectuales interesantes, artistas, alimentadores de la prole, sabios, tiernos, fuertes… Lo que las mujeres buscamos son hombres que recorran a nuestro lado el camino hacia la igualdad, hombres VALIENTES, de esos que saben y cantan, como el Langui, que la fuerza del valiente esta en el corazón.
Ilustración: María Castro
Texto: Viqui Catalán
