Querida hija,
puedes empezar a bostezar, te doy permiso, porque voy a contarte mi vida.
Yo un día de hace cuarenta años nací. Nací mujer. Nací sana. Nací querida y arropada por mi familia. Y sin que nadie pudiese poner remedio empecé a aprender. Tenía muñecos por la cuna y yo decía: blando, duro, suave, rugoso. Ya de pequeña tenía mucho vocabulario.
Me gustaba cantar y decía:
Arroz con leche me quiero casar
con una señorita de Portugal
que sepa coser, que sepa bordar
que sepa abrir la puerta para ir jugar
con una señorita de Portugal
que sepa coser, que sepa bordar
que sepa abrir la puerta para ir jugar
Mis padres, que querían lo mejor para mí, con gran esfuerzo me llevaron a un colegio pijo. Y ya me ves a mí montando a caballo y yendo a esquiar. Durante todos aquellos años de uniforme y ropa de marca aprendí infinidad de cosas pero todas ellas se resumen en una: imitar. Me decían: tres por siete veintiuna y yo, hale, tres por siete veintiuna. Me decían Revolución francesa y yo que si mil setecientos ochenta y nueve. Pasaban los años y como tengo memoria y cierta aptitud lingüística llegué a licenciarme en la universidad con buenísimas notas. Hoy día el único recuerdo que tengo de la facultad de derecho son unos libros muy gruesos que yo memorizaba y vomitaba en el folio del examen. Eso y que a los pocos días colgaban una lista de la pared y yo iba y buscaba mi calificación: Notable, Sobresaliente… Todo iba de maravilla.
Me sabe mal porque mi formación le ha costado a mi país muchos euros, estudié la carrera en la pública, pero creo que no miento si digo que en todos mis años de universidad no llegué a pensar ni una sola vez. Ni una. No hubo nada creativo, todo fue imitación. Cuando digo que soy el saber decadente de una cita adecuada me defino con la tristeza de no poder asegurar siquiera si la frase es mía.
Y como se nos educa, dentro y fuera de las aulas, para que imitemos, en el plano personal también lo hacemos.
Así que cuando acabé la carrera me dije:
Arroz con leche… me quiero casar
Y quise ponerme un traje de boda blanco que me tiraba de sisa y por todos los lados. Uf qué calor daba y cómo picaba aquella tela, hija mía. No te lo puedes imaginar.
A muchas de nosotras nos pasa eso. Notas que no encajas y te desvelas por las noches. Algunas se ponen enfermas y toman pastillas que las adormecen. Muchas lloramos mucho.
Querida hija yo quisiera advertirte de los peligros del amor romántico y de la imitación. No sé cómo hacerlo pero me gustaría ahorrarte la frustración que supone no caber en el traje estrecho que nos ha cosido el patriarcado. Sé que educar es acompañar, que no quiero ni pienso hacer tu camino pero me gustaría contarte que muchas veces verás a tu alrededor cosas que no te acabaran de gustar y a las que te sentirás abocada. No las hagas. Se libre. Se fuerte. Verás que al principio es muy difícil pero luego todo encaja. Tienes que ser tú la que imprima el troquelado al puzzle. Cuando te digan: no puedes, tú diles: no oigo.
Me gustaría que encontrases en la vida aquello que se te de mejor y que dediques tus esfuerzos a ello. Me gustaría que hallases tu vocación porque sé que de eso dependerá tu felicidad. Y que seas lo que te de la gana de ser: peluquera o ministra, fontanera o guitarrista del peor grupo del mundo. No es nada menor lo que te cuento y sé que no va a ser fácil. Para lograrlo tendrás que pensar mucho, poner atención y conocerte a ti misma. No te preocupes por los gustos de papá o los míos. A nosotros lo que nos gustará es que seas tú misma: única e irrepetible, calco de cientos, rara de narices. Por eso elige tu camino sin pensar en mí, hija mía, y si algún día quieres darle gusto a tu madre se feminista.
Porque feminismo es justicia. El feminismo no es someter al otro.
Porque feminismo es reflexión. El feminismo no es repetición.
Porque feminismo es elección, es derecho al libre albedrío. El feminismo no es determinismo.
Feminismo es ser solidaria con las débiles y una roca con los poderosos.
Feminismo es responder al no puedes con un mira cómo lo hago.
Feminismo es pintarse y no pintarse, arreglarse con pendientes a juego o ir todo un domingo en pijama. Feminismo es hacerse un moño con un lápiz y es tirarse una hora de secador. Es ponerse una camiseta tres tallas más grande y es calzar unos tacones de vértigo.
Querida hija, como soy seguidora y fan de Natalia Ginzburg me gustaría educarte en las pequeñas virtudes y no en las que nos venden como grandes. Me refiero a educarte para que valores la generosidad frente al ahorro, la valentía y la franqueza frente a la prudencia y la astucia, el ser y el saber frente al tener. Y Natalia no lo dice así exactamente pero a mi me gustaría ademas transmitirte el amor por la reflexión, la libertad y la justicia. Por eso, hija mía, me gustaría que fueras feminista.
Texto: Viqui Catalán
Ilustración: Venus feminista. Homenaje a Botticelli de María Castro.
¿Banda Sonora? The Gift feat. Brian Eno "Love Without Violins":
https://www.youtube.com/watch?v=DhNh2JCv2_w&oref=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3DDhNh2JCv2_w&has_verified=1
¿Banda Sonora? The Gift feat. Brian Eno "Love Without Violins":
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