EL PORQUÉ
Porque a mi abuela paterna y a sus hermanas no les
correspondió herencia y al único varón sí; porque a mi madre las monjas le
dijeron que con una cultura general iba
más que servida, aquello le marcó toda una vida; porque mi padre nos llamó a
mis hermanas y a mí para contarnos la gran tragedia, que mi prima soltera se había quedado embarazada y eso era una
mancha oscura para toda la familia; porque la regla nadie me la supo explicar
antes de que viniera, más manchas oscuras y ocultas; porque el día que le
dijimos a mi hermano que nos ayudara a pelar patatas mi padre casi nos mata; porque
mientras mi hermana era reina de las fiestas del pueblo yo me entretenía en
conocer la fisionomía masculina sin tener la más remota idea de nada; porque no
pude hacer en su momento las carreras que me gustaban por ser una de putas,
Arte Dramático, y la otra demasiado peligrosa, Periodismo, para que una mujer se fuese sola a Barcelona;
porque un hombre desnudo se me abalanzó paseando yo por los frondosos senderos
de un jardín y la policía me preguntó que
qué ropa llevaba puesta yo; porque me tocó ser testigo de tantas y tantas
humillaciones hacia mi madre; porque me pesaba mucho el silencio forzoso que
imponía mi padre; porque tuve que indicarle a mi madre que su vida así la
estaba matando; porque viví en directo las miradas e ironías de la primera
separación en un pequeño pueblo; porque me cansé de oír decir a mi madre “yo
son tonta”; porque aquella noche de copas en que acompañé a un hombre a su casa
me penetró salvajemente ante mi oposición, acaso a qué creía que había ido yo; porque
en aquel trabajo o tomabas copas y coca con los directivos o poco tenías que
hacer; porque no se me informaba de aquello que era mío pero sí que tenían
derecho a mi firma; porque con 33 años, al comenzar la carrera, el director de
estudios me llamó a su despacho para decirme que yo nunca la iba a acabar; porque
me tocó escuchar de un jefecillo “venga bajad rebaño de ovejas” dirigiéndose a
un grupo de trabajadoras entre las que me contaba yo; porque muchas noches pasé
miedo al regresar sola a casa; porque al ir al banco a consultar gestiones se
han dirigido sin miramientos al varón que me acompañaba; porque todavía hay
quien me ha dicho ….”vete al Corte Inglés y cómprate un marido”; porque mi hija
dice que porqué me llaman padres si ella sólo tiene una madre; porque una amiga
me hizo ver que hay que decir niños y niñas en el aula, niños solo va calando; porque
me agota ver los roles aún tan definidos; porque comprendí después de todo esto
y mucho más que sí, que era feminista; porque antes si me preguntaban si lo era,
yo, tan segura de mí, me atrevía a decir …”Yo soy Pepa”; porque ha tenido que
pasar el tiempo para que diga “sí, yo Pepa
soy feminista”.
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