martes, 4 de octubre de 2016

Soy feminista

Zás, era inevitable. Me salió un post feminista. Porque yo soy feminista como no podía ser de otra manera. Como supongo que Fidel Castro es castrista, Sánchez Dragó sanchezdraguista, y cualquier negro que se precie, mandelista.
Y aunque es verdad que hoy abunda la figura del obrero adorador del capitalista opresor, que desoye la profunda filosofía encerrada en la frase de un granhermano: ¿pero quién me pone la pierna encima?, yo sigo siendo una bestia bastante simple y conservo una cierta lógica que me permite ver el mundo, no a través de una pantalla de televisión, no a través del culo de una botella de Martini, sino con ojos. Dos. Oscuros, pequeños, escrutadores. Dos testigos acuosos que registran claramente que en este mundo en que vivimos, los negros están puteados, y las mujeres están- estamos- puteadas.
¿Culpa de quién? No lo sé. No creo en la mano negra (salvo la de Manu Chao), no creo en las maquiavélicas intenciones, salvo contadas excepciones. Pero sí creo que hay desigualdades que se perpetúan por la fuerza de la costumbre y por la posición de los que empezaron la carrera con unos metros de ventaja y habiéndose merendado nuestros pedazos de la tarta.
Puedo imaginar un tiempo remoto y a un rostro pálido temeroso de ese cuerpo atlético, negro y reluciente. Puedo imaginar a un administrador de testosterona, receloso ante la posibilidad de que ella lo abandone por otro. O peor aún, lo simultanee con otro. Y ya está el lío hecho.

No sé. Me es difícil desgranar el trigo de la paja, lo fisiológico de lo social pero me dan miedo las causalidades absurdas, las líneas oscuras con las que algunos enlazan ambas variables.
Y no piensen que soy una francotiradora con la mirilla puesta en los hombres.
De hecho a veces ni siquiera me siento mujer. Ni hombre. Ni todo lo contrario. A veces ni siquiera me siento humana. Sobre todo cuando veo a multitudes enfebrecidas jaleando al Papa, o hinchas poseídos arrasándolo todo a su paso, tras el triunfo de su equipo.

Y todo esto viene porque el otro día decía Javier Marías que no creía que hubiera una forma de escribir inequívocamente femenina. Por lo que deduzco que una de esas mentes privilegiadas que hibernan en la cabeza de algún periodista, se desperezó entre sueño y sueño, y bostezó la inteligente pregunta. No contento con ello, consideró que la respuesta merecía un titular. En su declaración, Marías apostillaba que, en todo caso, las narradoras hablaban de un universo femenino. (Y yo convencida de que con un universo infinito ya teníamos bastante…)

En fin, que supongo que debe de ser distinto escribir desde la experiencia femenina, como debe de ser distinto escribir desde el asma de Proust, desde el trastorno bipolar de Woolf, desde la homosexualidad de Wilde, desde el alcoholismo de Hemingway, Lowry, Onetti, y tantos otros, desde la Edad media, desde la dictadura - chilena, argentina, española- desde la estupidez. Pero, ¿distinto a qué? Somos una suma infinita y sólo podemos aislar las variables si nos encerramos en un laboratorio y nos convertimos en ratas. Algunos escritores ya lo han hecho.

Y volviendo al posible machismo en la literatura, me pregunto si yo misma no estaré infectada por el virus porque cuando pienso en mediocres escritores, automáticamente acuden a mi mente las Lucías Etxebarrías, las Carmenes Posadas o las Espidos Freires. Y no ellos, que los hay. ¿Seré después de todo una bestia algo más compleja de lo que creía? ¿Sufriré síndrome de Estocolmo tal vez?

Para aclararme o todo lo contrario, leo en el blog de Nuria Amat, (www.namat.wordpress.com) una serie de preguntas (algunas tópicas, algunas con las que discrepo, pero en general interesantes), que copio y pego a continuación:
1) ¿Por qué una mayoría de lectoras (méritos literarios, aparte) prefieren leer o elogiar libros y novelas escritos por autores que por autoras? ¿Será porque en la elección de un libro prevalece la atracción hacia el sexo que lo escribe? ¿Leen los hombres las novelas escritas por mujeres? ¿Por qué no?

2) Cuando los escritores se citan entre ellos, en un 95% de los casos, se limitan a dar listas de autores de su mismo género. ¿Será por temor a competir con grandes escritoras todavía vivas? ¿O para evitar el riesgo a ser calificado de amigo de las mujeres?

3) ¿Qué extraña doctrina convierte a escritoras y pensadoras como Dickinson, Zambrano, Woolf, (por citar tres ejemplos comparables a Shakespeare, Kafka o Cervantes), en autoras de “segunda categoría” y, por si este interés en relegarlas a la letra pequeña no fuera suficiente, sigue presumiendo de que sus voces son extrañas, herméticas, locas o excesivamente poéticas?

4) ¿La explosión mediática y comercial de una denominada literatura de mujeres es una de las causas de la invisibilidad de las mejores autoras de la gran literatura? Si escritores y periodistas premian y aplauden novelas mediocres escritas por mujeres, ¿no será con intención larvada o expresa de que el bosque impida ver el árbol?

5) ¿Cuál es el gusano podrido en las directivas pedagógicas que limita las diez novelas de lectura obligada en la enseñanza escolar a novelas escritas por varones? ¿Algunas mujeres no tendrán su parte de culpa en la manzana?

6) ¿Por qué motivo existe un menor grado de machismo en el mundo político que en el mundo cultural y literario?

7) ¿Qué motivos impiden a la escritora de hoy rebelarse públicamente contra una marginación literaria que soporta desde hace siglos? ¿Indolencia?, ¿inteligencia?, ¿desidia?, ¿o convencimiento de que la marginación sigue siendo el único lugar posible del escritor?

9) ¿Por qué los medios de comunicación benefician las novelas escritas por varones? ¿Será una consecuencia inmediata del poder que el gran mercado editor del saber, siempre misógino y masculino, ejerce sobre el conjunto de lectores?

10) ¿Escribir con un lenguaje propio, con un pensamiento propio, como en su tiempo lo hicieron Beckett, Faulkner, Proust, sin que por ello sean calificados de demasiado impenetrables por esa misma crítica que ahora reprocha idéntica peculiaridad de estilo a algunas escritoras de hoy en día, es un desafío que asume más la escritora que el escritor? ¿Escribir rompiendo moldes no es una de las características de la literatura de autora?


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