Que soy mujer es un hecho. Que tengo glándulas mamarias, un clítoris, una vagina y de guinda, dos ovarios que lo avalan. Un todo completito.
Que tengo rasgos de hombre me lo dicen a menudo: que soy desastrada, que soy más bien precoz en alcanzar la cima del placer, que me quedo inmediatamente dormida, que cuando engordo tiendo a acumular grasa en el centro de flotación: en la barriguita cervecera y no en muslos y culo. Que soy impulsiva. Que me reí con la conjura de los necios.
Que poseo rasgos tópicamente femeninos, también: que cumplo a rajatabla las tres fases de la pre-regla, (angustia vital, ganas de ahogarme en chocolate, reventón en lágrimas y sangre).
Que tengo rasgos de hombre me lo dicen a menudo: que soy desastrada, que soy más bien precoz en alcanzar la cima del placer, que me quedo inmediatamente dormida, que cuando engordo tiendo a acumular grasa en el centro de flotación: en la barriguita cervecera y no en muslos y culo. Que soy impulsiva. Que me reí con la conjura de los necios.
Que poseo rasgos tópicamente femeninos, también: que cumplo a rajatabla las tres fases de la pre-regla, (angustia vital, ganas de ahogarme en chocolate, reventón en lágrimas y sangre).
Que cuando escribo tiendo a una cierta cursilería que me lleva a envolverlo todo con un lazo a motas rosas. Que tiendo a explicar cómo se sienten los personajes en lugar de ponerlos a mover el culo.
Que a pesar de ser clínicamente desastrada, cuando Mona Lisa, la chica que limpia mi casa una vez a la semana (se llama Mona Lisa ¿no es maravilloso?) me ordena la ropa, los suéters en degradado como un arcoiris, las braguitas apiladas con candor, en ese agujero que algún día será un vestidor pero que hoy más parece un puesto de mercadillo tras la visita de las hordas en rebajas, se me empañan los ojos de la emoción. Mi parte masculina ya le ha dicho si quiere casarse conmigo.
Que no tardé en hacerme la picha un lío con lo de mi parte masculina y la parte femenina de él, y mi parte femenina de serie, y su parte masculina de serie, y que todas juntas acabaron montando un sindicato y exigiendo por convenio unas condiciones laborales claras, la delimitación explícita de los turnos de trabajo y de las vacaciones de cada parte.
Que me hubiera gustado ser una sex symbol a lo Marilyn Monroe, y a la vez un sabio, intelectual y bonachón, a lo Unamuno. O una mezcla de ambos (¿?).
Que todo esto no son más que tópicos.
Que a menudo me siento confusa, que veo lobos tras el deseo, y hombres que consideran que merezco un castigo, y mujeres que muerden y compiten como lobas por el macho, y clubes que me cierran las puertas en las narices.
Que ya lo dije una vez: soy feminista porque no puedo evitarlo, porque soy mujer, como cualquier negro que se precie es mandelista, como Fidel Castro es castrista o Sánchez Dragó, sanchezdraguista.
Que en definitiva soy un caos que no hay Dios que lo arregle.
Que sé que si alguien tiene la culpa es Dios. Esa figura de género masculino, grabada a fuego en la infancia, ese ser omnisciente que nos cuida y nos vigila. Ese ser superior. Él. Dios, que no me hizo a su imagen y semejanza.
Que por eso mi parte femenina hace tiempo que dejó de creer en él.
Que a pesar de ser clínicamente desastrada, cuando Mona Lisa, la chica que limpia mi casa una vez a la semana (se llama Mona Lisa ¿no es maravilloso?) me ordena la ropa, los suéters en degradado como un arcoiris, las braguitas apiladas con candor, en ese agujero que algún día será un vestidor pero que hoy más parece un puesto de mercadillo tras la visita de las hordas en rebajas, se me empañan los ojos de la emoción. Mi parte masculina ya le ha dicho si quiere casarse conmigo.
Que no tardé en hacerme la picha un lío con lo de mi parte masculina y la parte femenina de él, y mi parte femenina de serie, y su parte masculina de serie, y que todas juntas acabaron montando un sindicato y exigiendo por convenio unas condiciones laborales claras, la delimitación explícita de los turnos de trabajo y de las vacaciones de cada parte.
Que me hubiera gustado ser una sex symbol a lo Marilyn Monroe, y a la vez un sabio, intelectual y bonachón, a lo Unamuno. O una mezcla de ambos (¿?).
Que todo esto no son más que tópicos.
Que a menudo me siento confusa, que veo lobos tras el deseo, y hombres que consideran que merezco un castigo, y mujeres que muerden y compiten como lobas por el macho, y clubes que me cierran las puertas en las narices.
Que ya lo dije una vez: soy feminista porque no puedo evitarlo, porque soy mujer, como cualquier negro que se precie es mandelista, como Fidel Castro es castrista o Sánchez Dragó, sanchezdraguista.
Que en definitiva soy un caos que no hay Dios que lo arregle.
Que sé que si alguien tiene la culpa es Dios. Esa figura de género masculino, grabada a fuego en la infancia, ese ser omnisciente que nos cuida y nos vigila. Ese ser superior. Él. Dios, que no me hizo a su imagen y semejanza.
Que por eso mi parte femenina hace tiempo que dejó de creer en él.
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